Querido Gabriel:

Hace días que no te escribo…, desde el cuatro de noviembre. Por el camino pasaron muchas cosas. Murio tu tía bisabuela Ana, que justo un día antes, el tres de noviembre, te había escrito su primera y última carta. Ahí está, no la olvides nunca. Ya te hablaré de ello con más calma. Murió el 26 de noviembre, lunes, de madrugada. En el ramo de flores blancas que la pusieron tus padres y tus tíos Pablo y Marta, había una rosa roja, única, solitaria, preciosa. Era tu rosa, el tributo que tú, su único sobrimo biznieto, le hacías…

Te vi la semana pasada, y te acabo de ver de nuevo ahora mismo, a través de internet. Tú me has estado viendo a mi (y a tu abuela), en un televisor de pantalla plana, de 32 pulgadas. Es la primera vez que me meto en tu casa, desde Zaragoza, a través de una pantalla tan grande, que tus padres estrenaron la semana pasada. Se te veía asombrado al vernos ahí, hablándote y sonriéndote tan en primer plano. Estás muy guapo y muy grande. El pasado fin de semana te preparé un Power Point con fotografías tuyas y mías. Las mías de cuando tenía 8, 11 y 13 años, más o menos. Las tuyas, de chiquitito, que aún no has cumplido los tres meses, aunque poco te falta… Le he puesto animación, y también música (caminante no hay camino, de Serrat), y otras fotos de arboles, flores, nubes, mares y plantas. Cuando seas mayor te gustará verlo. Y no será el primero, que te prepararé otros. Me voy ya a dormir, otro dia sguimos hablando.

Te quiero, un beso, José Emilio

Querido Gabriel:

Hace mucho que no te escribo. La verdad es que estuviste en Zaragoza unos días con papá y mamá y hemos podido “hablar” mucho cara a cara. Fue estupendo teneros en casa unos días. Tu primer viaje en avión a España y tus primeros días en la casa de los abuelos donde vivió papá y el tío Pablo.

Aquí estuvimos un poco revolucionados con tu llegada. Preparé la cunita tan chula, que ya restauramos hace meses tus papis y yo… con mucha ilusión… Era la cuna de tu tío Pablo y de papá cuando eran como tú de pequeñitos… Creo que has dormido bien en ella.

El domingo, 21 llegastesis de Barcelona y os fuimos a buscar a la estación el abuelo y yo. En casa se quedaron esperando para comer todos juntos Angel y Puy, Andres y Bea, su novia y tus tios Pablo y Marta… Y fue un delirio, todos te queríamos coger y decirte cositas lindas… Al fin te quedaste tranquilito, acostado entre dos sillones del salón y viendo cómo comíamos y celebrábamos el 60 cumpleaños de abuelo José Emilio. !Qué buena idea reunirnos y tenerte por primera vez en casa! Tendrás tiempo de venir, jugar y disfrutar mucho de la casa, del jardin y de todos nosotros…

El martes llegaron a mediodía la bisabuela Elo y Nieves, que vive con ella. No querían perder la oportuidad de conocerte. Viajaron en tren desde Madrid. También vinieron a comer Pablo y Marta… así que éramos muchos otra vez. Qué bien!

La bisabuela ha disfrutado mucho contigo. Se le caía la baba, te tuvo varias veces en brazos y no dejaba de decir que eres muy bonito, precioso, que estás muy espabilado… que eres muy, muy guapo… Se le veía muy contenta.

Cuando os fuísteis no dejaba de hablar de tí y te echaba mucho de menos. Pero te vimos dos veces por internet. El domingo, que ya estabas en París y habían venido a pasar el día otra vez Angel y Puy, para estar con nosotros y la abuela Elo. Y “hablamos” de nuevo el martes por la noche, porque el miércoles ya se iba la abuela Elo a Matalpino y quería verte antes de irse.

Ya ves qué ajetreo hemos tenido en esta casa durante más de una semana. Lo hemos pasado muy bien. Ha sido bonito tenerte aquí por primera vez y que te haya venido a ver parte de la familia Fernández Domínguez y hayamos estado reunidos, contentos y disfrutamdo de tí, que nos llenas de alegría y de vida, mientras celebrábamos nada menos que los 60 años de abuelo José Emilio. Ha sido un gran regalo!

Y ya te dejo. Hemos estado en Aldeaseca a ver a tu bisabuelo Pepe y a tu tía bisabuela Ana. También estaban contentos contigo… Ya te ha contado José Emilio.

Ya lo dejo por hoy, niñito lindo, aunque a tí te llevo siempre conmigo.

Besicos mil

Abuela Charo

Al volver de Aldeaseca

novembre 4, 2007

Querido Gabriel:

Hacía dias que no te escribía y voy a hacerlo hoy, al volver de Aldeseca de la Frontera, mi pueblo. Desde mi última carta han pasado muchas cosas. Viniste a Zaragoza por primera vez, y pasaste aquí unos días estupendos con tus papás, con tíos Pablo y Marta y con tus abuelos de España (con Charo y conmigo). Este ha sido tu primer viaje: De París a Barcelona en Avión, y después a Zaragoza en el Ave, justo el mismo día que yo hacía 60 años. Me diste una sorpresa. ¡Menudo regalo de cumpleaños…, venir a verme tan chiquitín y desde tan lejos…!

Aprovechando tu visita, también vino a verte parte de tu familia española. Primero estuvieron aquí tus tíos bisabuelos Angel y Puy, que viven en Pamplona. Y con ellos llegaron su hijo Andrés y Bea. Andrés es uno de los primos carnales de tu padre y, por lo tanto, tío segundo tuyo. Y de Bea ya te hablará Andrés algún día…! Es el segundo tío segundo que conoces. Primero conociste a Carmen, sobrina carnal mía (hija de Andrés…, otro Andrés…, y de mi hermana Lourdes. Cuánto Andrés, que tú tambien te llamas Andrés de segundo nombre), que fue a verte a París, nada más que naciste, desde Oviedo, ciudad en la que vive. Después vino tu bisabuela Elo, que llegó con Nieves, la chica boliviana que cuida de ella, que también te quiere a ti mucho. Verás que hace unos días te puso una nota en el blog, en el delirio colectivo. Estaba deseosa de hacerlo. Todos estaban muy contentos de conocerte, a todos se les caía la baba, así que se gastaron todos los pañuelos que había en casa…

Después, unos días más tarde, te fuiste de nuevo a París, pasando otra vez por Barcelona ¡Tan pequeñito y menudo viajero ya…! Si viviera tu bisabuela Amalia (qué lástima, le faltaron dos meses escasos de vida para conocerte y besarte…), te habría dicho, como ella acostumbraba a decir a quienes son un poco viajeros: ¡Pero qué corredor eres…!. Y eso es en lo que te estás convirtiendo, en un corredor, porque a mi no me cabe la menor duda de que este primer viaje tuyo no es más que la rampa de salida de un nuevo y pequeño trotamundos… Y esto es estupendo, Gabriel, porque te abrirá la mente, te ayudará a que te hagas un hombre flexible y de mentalidad rica y comprensiva, contribuirá a que puedas mirar la vida en perspectiva, te permitirá entender mejor el mundo en que vas a vivir, globalizado y en continuo proceso de cambio. Te diría aún más. Mira, Gabriel, viajar es una de las mejores vacunas contra los desencuentros entres los pueblos y las personas, porque te permite ver diferentes formas de vida, entender diferentes culturas, romper con el etnocentrismos, superar el egocentrismo, y acabar con otros muchos “ismos”, y entender que nos se puede despreciar a nadie por tener otras ideas distintas de las tuyas, por creer en otro dios, o no creer en ninguno, o por haber decidido vivir la vida eligiendo tu propia alternativa… Así que yo te animo a que sigas viajando, Gabriel, que viajar contribuir mucho a la construcción de la convivencia y de un mundo sin muros, sin fronteras y en paz…

Después de irte a París te vimos de nuevo a través de video chat, aquí en Zaragoza Y ¡qué gozada…!, sobre todo pensando en que gracias a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación te podremos ver de vez en cuando en vivo y en directo, a ti y a tus papis… Te veremos crecer poquito a poco, día a día, a pesar de la distancia, y podrás sonreirnos y nosotros sonreirte desde lejos… ¿Eres ya un auténtico experto…! ¿Te has dado cuenta cómo te quedas con la cámara, cómo miras fijamente al interlocutor que tienes al otro lado de la pantalla, para terminar provocándole con un “agoo” o sonriendo…?

Este fin de semana tu abuela y yo hemos estado en Aldeseca, a ver a tu bisabuelo Pepe, a tu tía bisabuela Ana, y a los tios bisabuelos de allí, es decir, a mis hermanos y hermanas. Tuvimos una nueva sesión de video chat y así tú pudiste conocer y sonreir a todos quienes estuvieron presentes en la videoconferencia: el bisabuelo, la tía bisabuela, y tus tíos abuelos Amalia, Ana y Juan. También estuvieron con nosotros tus tíos abuelos Jesús y Maria Jesús, pero tuvieron que marcharse antes de que entraras en el chat, aunque eso si, vieron un montaje de fotos tuyas, que yo había preparado, en las que estás precioso. Un día mas tarde llegó tu tío abuelo José Carlos, y antes de llegar nosotros habían estado también por Aldeaseca tus tios abuelos Mati y Gabriel (mira, tu tocayo. Yo creo que a él le ha hecho gracia compartir nombre contigo). Tus otros tíos abuelos de Aldeseca, Lourdes y Andrés, y tus tias segundas Carmen y Ana (las únicas primas carnales que tiene tu padre por mi parte), pasaron estos días en Oviedo, que es donde viven.

Les gustó mucho a todos conocerte y ver a papá y a mamá, que no dejaban de sonreirnos y hablarnos. Te hablaré en particular del bisabuelo Pepe y de la tía bisabuela Ana. Al bisabuelo le ha gustado mucho conocerte y dice que eres muy guapo y que quiere que vayas a Aldeaseca a verle cuanto antes. Me lo ha dicho varas veces, la última hace tan sólo unas horas, cuando le despedía a la puerta de casa, en el momento mismo en que iniciabamos el viaje de vuelta a Zaragoza. Y de la tía bisabuela Ana, ¡qué quieres que te diga…! Le gustas mucho y se ha puesto muy contenta al conoccerte en vivo y en directo a través de internet. tú léete la carta que te ha escrito en la sección de delirio colectivo, y ya te darás cuentatu solito (como dice ella) de que realmente te quiere mucho… ¡Qué suerte que te quiera tanta gente…! No sabes cómo me alegro de ello.

Ahora acabamos de llegar a Zaragoza (bueno, hace ya un buen rato), tras un largo viaje en coche, unos 500 kilómetros, y aquí me tienes, escribiéndote antes de irme a la cama, que ya va siendo hora, sobre todo teniendo en cuenta que el lunes próximo, en realidad mañana mismo por la hora que ya es, tengo que salir de nuevo de viaje, en este caso a Almería, que está muy lejos. Iré en tren y volveré en avión. Estaré alli cuatro días, trabajando… Ya te contaré…

Bueno, ya me despido, Gabriel. Te quiero mucho, ya lo sabes. Igual que a tu papá y a tu mamá.

Muchos besos, José Emilio

TRAS LA VUELTA DE PARÍS

octobre 18, 2007

Zaragoza, 18 de octubre de 2007

Hola, Gabriel:

¡Cuántos días sin escribirte…! Dirás que esto no puede ser, que qué pasó, que dónde me he metido. ¡Bueno, bueno…!, no olvides que mientras tanto he estado unos días contigo en París, aprovechando el puente del Pilar, la fiesta grande de Zaragoza. ¡Y estás precioso….! Además, a tus 29 días te he visto reir locamente conmigo, y de forma reiterada. Y doy fe de que esa risa tuya no era un gesto mecánico, reflejo, una simple mueca de satisfacción, sino una auténtica sonrisa social, una respuesta voluntaria ante el reconocimiento del rostro humano. Aún más, tu padre me ha dicho que ya dabas este tipo de respuesta con tan sólo 21 días. Pero chico, ¡qué nivel…! Fue René Spitz, un psicoanalista experto en desarrollo infantil, el primero en considerar la sonrisa no refleja como una conducta social, a la vez que signo inequívoco de desarrollo psicológico general y, en particular, de maduración cognitiva.

Te contaré con más detalle. Dicen que este tipo de sonrisa suele aparecer entre las 4 y las 6 semanas, en el momento en que el niño logra construir el esquema del rostro humano (boca, nariz y dos ojos), lo que le va a permitir dar una respuesta voluntaria ante él. Mira Gabriel, a partir de ese momento los niños empezáis a sonreir a todos los rostros humanos, a cualquier rostro…, y si esos rostros hacen ruidos, gestos o muecas, pues a sonreir y disfrutar aún más. Eso es lo que te hacía yo en Paris estos dias de atrás, ¡y no veas como te reías y disfrutabas…!, ¡vamos, que te partías el culo…! Y eso es lo que también te hacen papá y mamá, que por otra parte no paran de contar cosas sobre ti y sobre tus avances en el camino de la vida… ¡Vas muy rápido, Gabriel…!

La verdad es que los estudiosos de la sonrisa social no acaban de ponerse de acuerdo, y es que vivimos en un mundo de cambios bruscos y acelerados, en el que los patrones de desarrollo están también en proceso de evolución. Hoy quienes sitúan directamente la sonrisa social en el mes y medio (las 6 semanas), otros en los dos meses, e incluso algunos otros más adelante… En todo caso te daré algún dato más, para que te aclares un poquito con todo este lío. Mira, primero aparece la sonrisa mecánica o refleja, que en realidad está presente desde los inicios de la vida, y posteriormente se despierta la sonrisa social. Y este segundo tipo de respuesta es la que los niños comenzáis a dar ante cualquier rostro humano a partir de las cuatro o seis semanas (bueno, debo decirte que en tu caso la sonrisa social ha comenzado un poco antes, sobre las tres semanas…). Más tarde aparece un nuevo tipo de sonrisa social, la sonrisa social discriminada, que es una respuesta social ante aquellas personas (en primer lugar papá y mamá, claro está…) con las que los niños habéis conseguido establecer una profunda relación de comunicación afectiva. La verdad es que yo espero y deseo estar cuanto antes en este grupo de personas…

Es decir, que a partir de un determinado momento los niños establecéis, por la vía de la sonrisa social discriminada, un auténtigo diálogo tónico emocional (antes ya dialogáis de otras muchas formas a nivel tónico y emocional) con aquellas personas que realmente os aman. Cuando seas capaz de dar este nuevo tipo de respuesta, la de la sonrisa social discriminada, papá y mamá sabrán que tú ya tienes perfectamente integrado el esquema mental de sus rostros.

Seguro que tú harás pronto este nuevo avance en el camino de tu vida…, porque, sea como sea, ¡vas muy rápido, Gabriel…!

Bueno, por hoy nada más. He intentado subirte algunas de las fotos de Teruel que te prometí. Papá vivió allí desde 1977 hasta el 21 de octubre de 1990, así que ya ves, en breve hará 17 años que dejó de vivir en esa hermosa ciudad, que es la Capital del Mudejar y Patrimonio de la Humanidad. Y también algunas otras fotos de Albarracín, una hermosa ciudad turolense que en tiempos fue muy importante… (ya te hablaré de ella). Pero la realidad es que no ha sido posible, pues no hay espacio disponible en el blog. Espero que papá o mamá arreglen pronto este problemilla, y entonces te las pondré, que también a ellos les gustarán. Sobre todo a papá, a quien le traerán buenos recuerdos e su infancia y adolescencia…

Te quiero, Gabriel

Un beso, José Emilio

Eres muy lindo

octobre 17, 2007

Hola Gabriel:

Ya estoy en Zaragoza, bueno hace días, desde el sábado. A la vuelta me acordaba de manera especial de tí y de los papis.

Tenía mucha ilusión por verte y cogerte en brazos. Aproveché el puente del Pilar para “acercarme” a París. Papá vino a buscarme a Ciudad universitaria. Cuando le vi bajar del tranvia contigo en brazos, en la mochila…. menuda alegría! Estabas dormidito y a gusto junto a papá. Todos te miraban en el tranvía. !Eres tan bonito! y claro, yo no dejaba de mirarte y hacerte caricias,,, tus piernecitas y tus pies, tan bonitos… y te habían puesto para la ocasión un conjunto que yo te hice en blanco… Estabas muy guapo!

Ya en casa he pasado muchos ratos simplemente contemplándote. Es como un milagro tenerte y que seas hijo de mi hijo… Otros ratos te he tenido en brazos, hemos “hablado” mucho… y te he bañado. Cómo te gusta el agua y los brazos y tu hamaquita.

La verdad es que estás muy espabilado. No parece que tengas solamente un mes. Atiendes a todo, te encanta la luz, diriges la mirada al hablarte… y te sonries. !Eres un tesoro!

Así que ya ves, me lo he pasado muy bien estos días en Paris. También disfruté paseándote en el cochecito con papá, mamá y José Emilio, el abuelo. AH! y fui con papá a buscar tu pasaporte al consulado español en París… así ya puedes viajar. !Qué mayor!

El viernes papá y mamá salieron a cenar fuera de casa con su amiga Son y nos quedamos contigo José Emilio y yo… y te portaste fenomenal. Tomaste dos biberones, te bañamos, estuviste “charlando” un rato… “ago”, “gueee”… , pediste que te tuviera en brazos y durmiste mucho…. En fin, lo pasamos bien ¿a que sí?.

Bueno y me viniste a despedir con papá y mamá a Ciudad universitaria. Estuvimos paseando un rato en el parque que hay al lado. Es muy bonito, grande y con inmesos árboles. El día estaba estupendo y a tí te gustaba el airecito y las hojas de los árboles, el movimiento del cochecito y los brazos de mamá. Hicimos fotos diverttidas.

Bueno, Gabriel, otro ratito te escribo… Me voy a trabajar. Muchos besicos con todo mi cariño.

Abuela Charo

8 de octubre de 2007

Vaya, Gabriel, no te puedo subir las fotos… A ver si tu padre aumenta el espacio disponible y puedo hacerlo. Por ahora hemos consumido la cuota…

Un beso, José Emilio

Zaragoza, 8 de octubre de 2007

Muy querido Gabriel:

He pasado unos días en Teruel, a 180 kilómetros de Zaragoza. Tu abuela fue allá para dar un curso de educación emocional (es la primera vez que da clase allí desde hace 17 años: La aplaudieron al final de su intervención…), y yo aproveché la oportunidad para viajar a una tierra en la que también se hunden tus raíces. Y las mías, claro: viví en esa hermosa y entrañable ciudad dieciseis años. Allí vivió tu padre, que nació en Salamanca, hasta el 21 de octubre de 1990. Para entonces él tenía trece años y cuatro meses, ni un día más, ni uno menos.

Hemos visto a algunos de los amigos y amigas que dejamos en esa ciudad, hemos recorrido sus calles y hemos visitado algunos de sus monumentos. Hemos recordado nuestros paseos por las plazas de San Juan y de “El Torico”, por el Tozal, por el Viaducto, por la Glorieta y el Óvalo. Estuvimos en Playa de Aro, donde sigue la casa casa en que vivimos hasta que tu padre tuvo siete años, en el mismo edificio en que vivió de niño un cantante español, un poquito más joven que él, y que hoy es muy famoso.

Pasamos también por la calle Ruiz Jarabo, donde está el Hospital, uno de los colegios a los que fue tu padre cuando era pequeñito, y un quiosco de chucherías que le volvía realmente loco. Y por la Avenida de Sagunto, donde vivimos otros seis años y pico. Pasamos también por el Ensache, el último colegio de Teruel en que estudió tu padre. Y fuimos a la Fonfresca, y a otras nuevas urbanizaciones del Teruel de los últimos años.

Visitamos también el nuevo mausoleo donde reposan los restos de Isabel y Juan Diego, los protagonistas de una historia muy romántica, que viste de fiesta la ciudad de Teruel cada año, rememorando el acontecimiento. Visitamos lo mejor del Mudejar, que preside y da identidad a esta ciudad a la que Isabel y Juan Diego han dado el nombre de “Ciudad de los Amantes”.

Te cuento. Estuvimos en la Iglesia de San Pedro y en su torre (recién restaurada), junto al Mausoleo de los Amantes, del que ya te he hablado antes. Recorrimos muchos rincones de un Teruel que para nosotros y para tu padre (ya para tu tío Pablo) está lleno de recuerdos: Las torres mudéjares de “San Martín”, en la Plaza del Seminario, y la de “El Salvador”, en la calle nueva. Junto a esta torre vive una de nuestras amigas de Teruel, en cuya casa comimos uno de los días. Ella nos acompañó en buena parte del recorrido que hicimos por el Teruel histórico. El último día isitamos también la catedral y su artesonado de lujo, del que la cerámica turolense toma toma en préstamo buena parte de sus dibujos.

Visitamos igualmente Dinópolis, un lugar que te va a gustar mucho a ti cuando crezcas un poco y tus padres te lleven a verlo. Allí se hace presente, de forma muy gráfica, la historia de lo que los científicos llaman el último minuto de nuestro planeta. En Dinópolis te gustará ver como ha evolucionado la vida sobre la tierra, la historia de los dinosaurios (una especie de gigantes que da nombre a este espacio), y también la del resto de los animales y plantas. Y la de la especie humana, que la que tú y tu generación sois ahora la manifestación más reciente

Fuimos a la Universidad, para recordar viejos tiempos. El Campus de Teruel está ahora precioso. En él trabajamos como profesores durante dieciseis cursos. Y fuimos también al cine, donde vimos una película reciente “¿Y tú quien eres?”.

Vimos y vivimos otras muchas cosas en Teruel. Para mi fue un tiempo de recuerdos; y también de emociones y sentimientos lejanos y recientes.

Por último, te diré que hemos pasado tres días en Teruel viviendo en una casa enorme, que nos dejó una de las amigas que tenemos en la “Ciudad de los Amantes”. Bueno, de esta última historia ya te contaré al oído y con detalle cuando seas un poquito más grande. Tu abuela estuvo un día más (yo llegue un día después que ella), y ese día durmió en casa de otros buenos amigos turolenses.

Tras nuestra estancia en Teruel, pasamos por Albarracín, dondeestuvimos buena parte del día de ayer, domingo, pero de esto ya te hablaré en otra carta que te escribiré más tarde…, o mañana, ya veremos…

De Teruel te dejo ahora unas fotos de algunos de sus rincones…, llenos de recuerdos… Luego ten envío más… Ya me dirás cuando crezcas si te han gustado…

Un beso muy fuerte, José Emilio

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HOLA GABRIEL

septembre 30, 2007

Zaragoza, a 1 de octubre de 2007

Hola Gabriel:

Te envío algunas de las fotos que yo mismo hice al día siguiente de nacer. Por hoy, nada más.

Un beso, José Emilio

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Zaragoza, 28 de septiembre de 2007

Querido Gabriel:

Pensarás que tienes un abuelo que se pasa el día escribiendo. Y mira, Gabriel, en esto tienes razón. Me gusta mucho escribir, y lo hago constantemente…, un día tras otro. Siempre me gustó hacerlo. Ya escribía cuando era pequeño, y ahora lo sigo haciendo a diario…Y si me diera gusto no pararía de hacerlo. Además quiero que sepas que en este momento de mi vida tú eres uno de los principales culpables de esta manía que tengo, que no se va curar ni quiero que se me cure…

De chico, escribía a mi familia y a los amigos. Les contaba historias de mi vida, y les expresaba mis sentimientos, algo que siempre me ha gustado mucho y que sigo haciendo… Ahora continúo con esta manía de escribir un día tras otro. Supongo que tú ya te has dado cuenta. Y no sólo te escribo a ti…, que siempre me traigo entre manos algún que otro artículo, que luego publico, u otros muchos documentos y trabajos relacionados con los distintos perfiles de la profesión que tengo. Escribo también muchos correos electrónicos… o, mejor dicho, emilios. Aunque en realidad tan sólo son auténticos mis emilios, los que yo escribo, que para eso tengo el nombre que tengo. Te aseguro que cuando oigo decir a alguien que ha escrito un emilio, yo me río mucho por dentro. La gente no escribe emilios. Lo que escribe son e-mails o correos electrónicos. Créeme, tan sólo son auténticos emilios los míos y los de aquellas otras personas que llevan mi segundo nombre…

Bueno, Gabriel, pues después de todo esto y tras haberte contado ayer mi viaje a Soria, hoy te voy hablar de algunos de los recuerdos más importantes de mi infancia. Todos ellos hablan de experiencias que viví en Aldeaseca de la Frontera, un pueblo pequeñito en plena llanura castellana.

Guardo todo tipo de recuerdos de Aldeaseca, correspondientes a todas las épocas de mi vida. Los más tempranos están centrados en las personas que rodearon mi infancia. En mis padres, tía y hermanos; y en el amplio entorno humano que tenía la casa en esa época de mi vida: mozos y mozas, hortelanos, trilliques, temporeros y segadores…; y en el resto de los habitantes que entonces tenía el pueblo. Otros están centrados en los espacios físicos que más frecuentaba: la casa, la era, las escuelas, el petril, la Iglesia, el cementerio, el palomar, el frontón, las huertas, en particular la huerta vieja, los prados, las viñas, los caminos, los pinares, las tierras de secano… O en las frecuentes visitas a diferentes casas del pueblo: las de Nino, el Sr. Cura, Vítora y Goyo, Paco y Mari, Agustina y Librado…; o las de Pedrito, Roque, Domi, Federico, Teodoro, Luis y otros amigos del pueblo. O en mis visitas a la abuela Braulia y a los tíos y primos de Paradinas. Son miles y miles de recuerdos visuales, auditivos, táctiles, gustativos, olfativos…

Hoy te voy a hablar de algunos de estos recuerdos. Todos ellos tienen como telón de fondo “La Era”. Me centraré en sus otoños, inviernos y primaveras. De sus veranos te hablaré otro día… Y de los inviernos ya te contaré más cosas.

Los otoños de “La Era”

Con la llegada del otoño finalizaba la recolección de la cosecha de cereales. Nunca podré olvidar que en los comienzos de esta estación del año, tras el duro verano que la dejaba esquilmada, La Era retoñaba y se revestía de nuevo de hermosos tonos verdes, que generaban paz y sosiego. Germinaba el grano que había quedado sobre ella, tras la recolección de las mieses. Reverdecía el césped y se llenaba de volanderas azules, que también se llamaban perezosas, porque echaban de las eras a los agricultores menos diligentes (y merenderas, porque cuando aparecían se dejaba de merendar en las huertas, tenadas y eras). Las volanderas eran unas hermosas florecillas entre azul y morado, con largo y fino tallo blanco, que arrancábamos de entre la hierba tirando suavemente con las manos. Aparecían finalmente las setas de cardo y las senderinas, y se desarrollaban los panecillos, pequeños y ricos botones de color verde que nos comíamos.

La vendimia

En el otoño tenía lugar la vendimia, que comenzaba a últimos de septiembre o primeros de octubre, y que era una auténtica fiesta para todo el pueblo, que participaba y disfrutaba de ella. Mayores y niños acudíamos en los carros, que iban y venían de las viñas, por el camino del monte, repletos de cestos de mimbre en los que se recogía la uva. Recuerdo el sonido de las volanderas, anunciando la llegada de los carros repletos de uva blanca y tinta, tirados por mulas que corrían “alegres”, arreadas a latigazos por los mozos. En casa teníamos nueve huebras de viñedos, en tres tierras distintas, que producían una buena cosecha de uva, que en su mayor parte se convertía en vino. Comíamos muchas uvas en esa época del año y se conservaban parte de ellas hasta las navidades en la despensa, colgadas en racimos que poco a poco se iban volviendo pasos.

Recuerdo cómo los racimos de uva blanca y tinta eran pisados por los mozos, con los pies desnudos, en la lagareta; y cómo descendía desde ella el mosto, a través de un tubo, hasta las cubas de la bodega. Puedo visualizar sus juegos mientras pisaban y exprimían los racimos, lanzando uvas al aire que intentaban coger con la boca. O aquellos otros juegos tan divertidos, en los que niños y mayores restregaban los racimos sobre el rostro de quienes bajaban la guardia: a la menor distracción recibían un lagarejo en su cara. Y recuerdo igualmente las incursiones en la bodega, con mi padre o con Nino, con una vela encendida en la mano, para comprobar si había finalizado el proceso de fermentación del mosto y si, en consecuencia, ya estaba libre la atmósfera de monóxido de carbono. Cada mediodía y a lo largo de todo el año, solía bajar con Nino a buscar una jarra de vino a la bodega, uno de los lugares emblemáticos de mi infancia. Me gustaba mucho abrir las espitas de las cubas, ver salir de ellas el vino y después cerrarlas de nuevo con un mazo de madera. Y beber la chichorra, especie de mosto dulzón, que era la probadura de la cuba.

Los inviernos de “La Era”

Guardo también un grato y cálido recuerdo de los inviernos de “La Era”, en particular de aquellas gélidas tardes prenavideñas, en las que íbamos a coger musgo y césped para el nacimiento, que luego preparábamos, en el portal de la casa, bajo la dirección de tía y de mis padres. En otro momento te hablaré con más detalle de las largas y divertidas tardes de mis inviernos infantiles en Aldeaseca.

Las primaveras en “La Era” y los campos

En las primaveras, “La Era” se revestía de florecillas silvestres; de pequeñas margaritas de gamarza y manzanilla, que lucían sus clásicos pétalos blancos y su grana amarilla en el centro; y también de amapolas rojas que brotaban sobre el césped; y de campanillas y clavelinas azuladas.

En la primavera brotaban igualmente los cardos o picos, y las escobas. “Todo lo que nace fenece” sentencié yo con unos tres años, al destruir, con un palo que llevaba en la mano, uno de los muchos picos que brotaban cada año junto a la barandilla del puente sobre el Guareña, en la carretera del “Campo de Peñaranda”. Volvía a casa tras un paseo con tía y papá de la huerta vieja. Los cardos ya maduros tenían unos enormes pinchos, y flores color violeta, y en su última fase soltaban los típicos molinillos blancos, que salían volando. Tras ellos corríamos los niños con el afán de capturarlos. Era muy divertido, a pesar de que teníamos un éxito muy escaso, pues al intentar atraparlos se destruían, a modo de pompa de agua, y sus restos se dispersaban rápidamente.

Cardos y escobas se comían cuando eran aún muy pequeños. Los cardos recién nacidos, de tonos verdes, se llamaban cardillos y eran como pequeñas escarolas rodeadas de picos muy tiernos, por lo que era necesario pelarlos, al estilo de la borraja. Se cocían y componían como la berza o el repollo y se comían con los garbanzos. Las escobas recién brotadas se llamaban collarbos, unos tallos blancos y muy tiernos que se apreciaban mucho como ensalada y a los que no era necesario quitarles nada para ser comidos. Era suficiente con lavarlos.

En primavera brotaban también las acederas, unas hojas alargadas, muy verdes y de un rico y suave sabor ácido, que gustaba comer a los niños en las praderas, recién cogidas. Y los repámpanos de la acacia que había a la puerta de la iglesia, junto al petril, a la izquierda según se sube. Todos los niños comíamos de ella.

Por otra parte, en el camino del monte, según se iba a las viñas, había unos arbustos que producían un fruto comestible al que llamábamos zapatillas. Estas eran de color rojo, como los escaramujos que producen los rosales silvestres (las zarzas, de las que la huerta vieja estaba rodeada), aunque más pequeñas y de mejor gusto que aquellos. Con zapatillas y escaramujos los niños hacíamos, ayudándonos de una aguja enhebrada con hilo, pulseras y collares, con los que luego se adornaban sobre todo las niñas.

En primavera germinaban también los cohetes, unos tallos finos y alargados, cuya flor en forma de cigarrillo se adhería fácilmente a los calcetines y otras ropas según caminabas por el campo. Los niños jugábamos a ponérselos a los demás en su espalda, sin que lo notasen. Había otro tipo similar, no adherente, que se desintegraba como un cohete al ser impulsada su zona distal con los dedos índice y pulgar de la mano derecha, mientras se sujetaba el tallo con la izquierda.

Recuerdo finalmente las incursiones primaverales (a buen resguardo de los guardas jurados: el Sr. Rupertín y el Sr. Quico) por las tierras cercanas al pueblo, junto con otros niños, para coger las espigas de trigo o cebada, o las vainas de lentejas, guisantes, garbanzos o algarrobas, cuyo tierno y jugoso grano nos gustaba comer.

Bueno, Gabriel, por hoy basta. Te seguiré contando algunas otras historias de mi infancia.

Un beso muy fuerte, José Emilio

Zaragoza, 27 de septiembre de 2007

Querido Gabriel:

Hoy he estado en Soria, a unos 150 kilómetros de Zaragoza. Es una ciudad con sabor a Antonio Machado y a Gustavo Adolfo Bécquer, dos poetas de esos que dejan una huella indeleble. Más abajo te citaré algunos de sus versos.

Allí se ha celebrado hoy un acto académico, seguido de una comida, en homenaje a un amigo que se jubila tras muchos años como profesor en uno de los centros que la Universidad de Valladolid tiene en Soria. Recibí hace unos días una invitación para participar en este acto y decir unas palabras. He hablado unos quince minutos, y te he citado a ti, a Gabriel, a mi nieto. El amigo que se jubila me habla de sus dos nietas cada vez que nos vemos o nos llamamos por teléfono. Y se lo recordé en este homenaje, que ha estado cargado de referencias personales por parte de todos quienes hemos subuido a la tribuna de los oradores. Yo le dije a mi amigo (delante de más de sesenta profesores universitarios de Oviedo, Lugo, Palencia, Segovia, Soria, Valladolid, Madrid, Zaragoza…): Seguiremos hablando de nietos, querido amigo, ahora que a mi también me acaba de llegar Gabriel, un niño precioso y multirracial, el primer nieto que tengo. Así que ya saben de ti en varias universidades españolas, sobre todo si tenemos en cuenta que en Málaga, desde donde te escribía hace unos días, también hable mucho de ti, y alli me encontré con amigos de un montón de universidades españolas. Aunque lo de Soria ha sido especial, porque te he citado en un acto académico, y es la primera vez que alguien te cita en un discurso universitario.

Entre otras muchas cosas, en mi intervención hablé de un concepto psicológico que te quiero dar a conocer: La resiliencia. Te voy a explicar un poco su significado, para que tomes nota del mismo. Mira, Gabriel, la palabra resiliencia designa la capacidad del acero para recuperar la forma inicial, para resistir a los intentos de deformación, a pesar de los golpes que pueda recibir. La palabra resiliencia proviene del latín “resalire”, que significa “saltar y volver a saltar”, “recomenzar”. Desde una perspectiva psicológica hace referencia a la resistencia a los traumas y, también, a una dinámica existencial. En efecto, la resiliencia no es un estado, sino un proceso, un tejido. No se adquiere de una vez para siempre, sino que se corresponde con una dinámica a lo largo de todo el ciclo vital.

En transcurso de su vida, todo ser humano va a encontrarse con diferentes personas que ejercerán como tutores de resiliencia (padres, abuelos, tios, familiares, educadores, maestros, amigos …): Puntos de apoyo a los que aferrarse para recuperar el equilibrio perdido, cuando éste se pierde; para iniciar la propia reconstrucción, para tratar de afrontar los desafíos y dificultades que la vida nos presenta una y otra vez a lo largo de todo su periplo. Y, en la mayor parte de los casos, va a ser el contacto con el “otro” el que abrirá la posibilidad de tejer una resiliencia: Es la mirada amistosa, la escucha atenta y respetuosa, el apoyo de una persona, una palabra, una caricia…, lo que va a permitir iniciar un proceso de resiliencia.

De este modo, se concibe la resiliencia como un tejido que se teje con varios hilos a la vez, los “tutores de resiliencia”, que encarnan figuras acogedoras y protectoras que sostienen a la persona para que pueda ir superando sus dificultades.

Podríamos afirmar que existe una personalidad resiliente, en contraposición a la personalidad frágil, lo que explicaría porqué el estrés se relaciona con la enfermedad en unas personas y no en otras. Una personalidad resiliente puede amortiguar con más facilidad los efectos nocivos del estrés.

Te citaré a continuación, Gabriel, las tres características más destacadas de la personalidad resiliente. Son las siguientes: son: reto, compromiso y control. (Bueno, te tengo que decir también que todo esto me lo ha contado tu abuela Charo, que, entre otras cosas, es profesora de Psicología de la Personalidad):

Reto significa que la persona afronta las situaciones de la vida no como una amenaza, sino como un reto, un desafío que le permite desarrollar sus capacidades y aprender cosas nuevas. Estas personas son resistentes, se adaptan bien a los cambios y saben ver detrás de cualquier problema algo aprovechable. Son flexibles y toleran la ambigüedad.

Compromiso significa la tendencia a implicarse en las actividades de la vida y comprometerse con todo lo que uno hace (trabajo, relaciones, familia, uno mismo). Esto supone convertirlo todo en algo interesante para la persona. Ésta conoce sus propias metas y aprecia su habilidad para tomar decisiones y mantener sus valores. La persona posee habilidades y el deseo de enfrentarse a las situaciones de estrés. Se siente satisfecha y vive cada cosa que hace integrada en el conjunto de objetivos de su vida. Esta implicación le lleva a persistir y esforzarse a pesar de las dificultades. Saborea lo que tiene y disfruta de lo rutinario.

Control supone tener la convicción de que se puede intervenir en los acontecimientos. Estas personas se sienten confiadas en su propia capacidad para enfrentar las situaciones que encuentran en sus vidas. Perciben menos situaciones amenazantes y, si las perciben, frenan o reducen sus efectos negativos. Incluso ante acontecimientos estresantes, pueden predecir consecuencias positivas.

Tener una personalidad resistente induce al uso de estrategias de afrontamiento adaptativas y a la percepción de lo que es potencialmente estresante como oportunidad de crecimiento. También conduce a la persona a buscar apoyo social y favorece, por último, estilos de vida saludables que reducen la probabilidad de que aparezca la enfermedad.

Finalmente, en cuanto a las variables de personalidad, te tengo que decir que lo más característico de una personalidad resiliente sería: alta estabilidad emocional, extraversión, responsabilidad y amabilidad, autoestima, locus de control interno y expectativas de autoeficacia, unido todo ello a modos de afrontamiento centrados en el problema y a un menor uso de las estrategias de escape-evitación.

Bueno, Gabriel, todo esto último que te estoy contando hoy es un tanto técnico, pero ya lo irás comprendiendo. En todo caso a mi no me importa ahora demasiado que lo entiendas o no. Tan sólo quiero que lo vivas, que lo practiques, que te sumerjas desde los inicios de tu vida en una dinámica existencial resiliente. Quiero que seas resistente a cualquier tipo de dificultad o trauma; que tengas la misma capacidad del el acero para recuperar la forma inicial tras recibir un golpe, que seas capaz de resistir todos los intentos de deformación que te puedan provocar los dificultades con las que te topes en tu vida, y que en cada una de ellas encuentres una oportunidad para el crecimiento.

A esto te ayudaremos, Gabriel, cuenta con ello. ¿Has leído con atención todo lo que te he dicho antes sobre los tutores de resiliencia? Pues tú tienes mucha suerte, porque estas rodeado por todas partes de esta clase de tutores. En primer lugar tienes a papá y mamá, pero no sólo a ellos, porque tienes ya otros muchos tutores de resiliencia. Yo soy uno de ellos, y me esforzaré en ser uno de los mejores. Ya lo podrás comprobar cuando seas más mayor y entiendas todas estas cosas tan complicadas que te cuento en un momento en que tan sólo tienes un par de semanas.

Ya me despido por hoy, que es muy tarde y estoy muy cansado. ¡Ah…!, me olvidaba de los poemas de Machado y de Bécquer. Te dejo algunos fragmentos de estos dos poetas. El primero es de Machado y quiero que lo tengas muy en cuenta: aprendete bien eso de que no hay camino, que se hace camino al andar. El segundo es de Bécquer. En lo que a este segundo se refiere, lo tomo en préstamo del poeta y te lo dedico a ti, mi niño de ojos azules y tiernos.

CANTARES…

“Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar…”

(Antonio Machado)

RIMA XIII

“Tu pupila es azul y, cuando ríes,
su claridad suave me recuerda
el trémulo fulgor de la mañana
que en el mar se refleja.

Tu pupila es azul y, cuando lloras,
las transparentes lágrimas en ella
se me figuran gotas de rocío
sobre una violeta.

Tu pupila es azul, y si en su fondo
como un punto de luz radia una idea,
me parece en el cielo de la tarde
una perdida estrella”.

(Gustavo Adolfo Bécquer)

Un beso muy fuerte, Gabriel. Seguiré escribiéndote,
José Emilio